lunes, 15 de mayo de 2017

Di no al Brexit, di sí a Eurovisión

Hubiera sido taaan bonito. Todos a puntuar con twelve points a Guallominí y Gran Bretaña se hubiera visto obligada a organizar Eurovisión en el año del Brexit. Pero para que eso fuera posible los europeos nos tendríamos que haber puesto de acuerdo y/o Gran Bretaña tendría que haber mandado una canción un poco molona. Y ni lo uno ni lo otro.

Sin embargo, creo que Europa puede unirse a través de Eurovisión. El festival que nos recuerda que Azerbaiján está en Europa también puede servir de contrapeso a los partidos antieuropeístas. Que la música nos una a todos. Pero no la música coñazo de baladas con su consabido crescendo vocal al final, mientras el pelazo de la cantante se agita al viento y un violinista toca un solo. No. Se trata de unir al pueblo. A la gente. A las masas. Esa música que la escuchas y te echas a bailar y a cantar, aunque sea en un idioma tan extraño como el moldavo.

Sí, amigos, ha habido éxitos moldavos. Más bien, ha habido uno. Éste.


Moldavia, como Teruel (o Azerbaiján), existe.

Yo creía que Moldavia no existía. Creía que era producto de la imaginación de los guionistas de Dinastía que hacían que Catherine Oxenberg fuera aristócrata europea sofisticada del reino de Moldavia. Otro día hablaremos de porqué no sé dónde he dejado las llaves pero sí sé el nombre de una actriz de segunda que salía en "Dinastía".

La cuestión es que Moldavia, en una alianza con Rumanía (Dragostea din tei está cantada en rumano, y el grupo estaba compuesto por moldavos y rumanos, en una unión paneuropea preciosísima) ha dado un megaéxito a toda Europa. Ése es el camino que hay que seguir.

Y otros países de chichinabo pequeños también han dado hits:


Si tuviera que enseñar qué fueron los 80 a un joven millenial nacido en el 2000 o a un extraterrestre, le enseñaría este videoclip. Y ya. 

Nada de canciones medio folclóricas cantadas en idiomas que parecen klingon, ni de baladas de portugueses tristes que llevan una coletilla como la que me pongo yo cuando voy a hacer limpieza general ni, obvio, canciones con alaridos cantos tiroleses... Todo esto lo vimos hace un par de días en Eurovisión y gracias, pero no, gracias.

Menos mal que siempre nos quedará Suecia (y los suecos). Los únicos que son capaces de hacer una puesta en escena en condiciones, que parece sacada de los Grammy y no de una retransmisión de la OTI de 1985. Quizá Suecia debería ganar siempre Eurovisión, y que los demás ni se molesten, que se queden en casa.

Queremos grandes hits. Dignas canciones del verano. Pegajosas. Eternas. De ésas que no sabías que te sabías. De ésas que no sabías que te sabías la coreografía. Como ésta. Danesa, para más señas. Las nuevas generaciones también bailan esta canción. Doy fe. Lo he visto en el Ocho y medio.

Y diréis, ¿y España qué? Fácil, que lo manden a él:



Triunfó hasta en Japón. Preguntad a cualquier mayor de 30 años de cualquier país europeo. Tararead chiquitan chiquitan-tan-tan-que-tumbanban-que tumban-que teverere y veréis cómo la reconoce.

Pero quizá el tiempo de Chimo Bayo ya pasó. Es el momento de nuevas generaciones. Y si el triste portugués de la coletilla había actuado en el Sónar, se me ocurren dos mozas que están petándolo en eso que se llama "la escena indie". Con canciones pegadizas y con su punto cómico. Imaginad qué bonito sería escuchar esta canción en un escenario de ésos tochos y llenos de efectos de luz, y ventiladores, y llamaradas, y máquina de humo y, por supuesto, junto a un violinista:


Les gusta ir al Ritz, pero al bingo también...

Y vosotros, ¿a quién llevaríais a la próxima edición de Eurovisión?, ¿también tenéis dolor de cabeza que empezó con la actuación de Rumanía y sus alaridos cantos tiroleses y que todavía no se ha ido?

martes, 9 de mayo de 2017

Carta de Christina Hendricks al escritor éste de novelas de espadachines

Dear Arturo,

Te escribo estas líneas porque me han contado que has escrito un artículo jacarandoso y de ficción (que eso lo has aclarado vía twitter porque también me han contado que la gente te ha puesto a caer de un burro) sobre tú y tus amigos intentando haceros una foto conmigo, la pelirroja actriz de Mad Men, aka "la de las tetas gordas".

Arturo, no me ofende que me llames "la de las tetas gordas". Como te imaginarás, a estas alturas de la vida eso me lo han dicho unas cuantas millones de veces. Como llamar cuatro ojos al que lleva gafas, enano al más bajito de la clase o zanahorio al pelirrojo, es habitual, una piensa que se acabará en cuanto se acaba el instituto. Pero fíjate tú por dónde, sigue pasando. No me lo esperaba de un escritor con léxico, silla en la RAE y edad de sobra para haber superado el instituto, pero bueno, ya digo que eso no me preocupa tanto. Para la próxima vez que te vengas arriba pensado en tetas gordas, Arturo, recuerda esta canción:



Tú no conocerás la serie "crazy ex girlfriend", Arturo, es demasiado 2017. Supongo que eres más de cine clásico en blanco y negro que verás en la pantalla de cine de tu casa, porque en los cines de ahora la gente hace ruido y da pataditas en la silla y ya no se hacen películas como antes ni hay mujeres como las de antes: Sofía Loren, Jayne Mansfield, Jane Russell... eso sí que eran mujeres, ¿a que sí?

Tampoco me ofende, Arturo, que definas a mi marido como "que no tiene ni media ostia". Tienes razón. Es, si me apuras, un poco feo, y lleva un modelo de gafas que no le sienta bien, y ese pelo revuelto que parece que siempre está despeinado... A Geofrey Arend (que así se llama, podrías haberlo buscado en google, pero bueno, ya te digo que eso tampoco me preocupa) le elegí por otras cosas que por su físico o su capacidad de liarla parda en un bar. Me han contado que tú, Arturo, eres muy viril, y que si te llega a pillar el atentado terrorista de París allí, tú solo con tu hombría y tu santa voluntad hubieras doblegado al ISIS entero. A mí es que la virilidad me importa un pito. Valoro más otras cosas: el sentido del humor, el cariño, la comprensión... Será que soy una blanda.


Lo que me ofende muchísimo es que digas que mandé a la mierda a tu compañero de fatigas, más joven, con pelazo y también más masculino que competir por ver quién mea más lejos: Manuel Jabois. Por ahí no paso, Arturo. Yo me hago fotos con todos mis fans. Aunque me interrumpan mientras estoy poniéndome hasta arriba en Casa Lucio. Aunque haya oído al tipo del pelazo y sus amigos llamarme a grito pelado "la de las tetas gordas", porque se creen que no entiendo el castellano y porque los españoles gritan que da gusto. No importa, yo soy una profesional y me hago fotos con todos, hasta contigo, Arturo.

Firmado,

Christina Hendricks, también conocida como la de las tetas gordas.

martes, 18 de abril de 2017

El campo no tiene glamour

La naturaleza está sobrevalorada. Toda ella. La playa, la montaña, la llanura, la estepa... toda. Un rato en la playa y tres meses más tarde aún tienes arena bajo las uñas de los pies. Que no quiero ni imaginarme dónde encuentran granos de arena los aficionados a las playas nudistas. Y luego están los bichos. A mí me aman con pasión. Os está escribiendo una persona a la que le picó un mosquito en Madrid, en septiembre, y en el párpado de un ojo.

Por eso, años ha, cuando tocó elegir carrera,  fui una chica práctica y no me decanté por la antropología. Que sí, que muy interesante eso de estudiar a tribus por ahí perdidas, pero están perdidas por algo, en medio de lugares llenos de insectos, incomodidades y humedad que te deja el pelo fosco (como dijo aquella: "Nube, tía, y sin secador"). La naturaleza es cruel, y por mucho que Hollywood nos haya enseñado que a la selva se va con plancha para que la camisa de la sahariana esté impecable...:

A Grace Kelly le queda bien hasta el salacot.

...sabemos que el campo se lleva mal con el glamour. La realidad del pobre antropólogo está a años luz de "Mogambo". El estudioso llega a una zona alejada de toda civilización (¡ni un Zara en kilómetros!) a vivir como vivan los nativos, aprender su idioma y ganarse su confianza para así poder estudiar su sociedad. Mientras logra su objetivo está más solo que la una, incómodo, aburrido y desesperado porque los nativos no le hacen caso o, peor aún, le toman el pelo. Que serán nativos, pero no son gilipollas, y si quieres sacar algo de ellos deberás darles algo a cambio.

Al final, el antropólogo se siente desesperadamente inútil y le dan ganas de coger el primer vuelo rumbo a su colchón con nórdico a solo 200 metros de un Starbucks. De todo eso habla "el antropólogo inocente", de Nigel Barley. Barley se fue a Camerún a estudiar a la tribu dowayo y en el camino las pasó putas. El libro no es una manual de antropología, sino la historia de un hombre contra los elementos, todo contado con mucho humor... y nada de glamour:

¿Dónde salía más guapo Ralph Fiennes, en "el paciente inglés" o en "la lista de Schindler"? Abro debate.

Y, sin embargo, hay veces en que la realidad se pone estupenda. En los años 30, la ya famosa antropóloga Margaret Mead se va a estudiar una tribu de Papúa Nueva Guinea junto a su marido, también antropólogo, aunque con nombre de gigoló: Reo Fortune. La primera obra de Mead, "adolescencia, sexo y cultura en Samoa", fue un best seller. El libro hablaba de la educación de los adolescentes (que no son ni rebeldes, ni problemáticos en Samoa), de sus liberales costumbres sexuales (tanto para hombres como para mujeres) y, sobre todo, venía a decir que no había reglas universales en la conducta humana.

Mead y su marido coinciden en Papúa con otro antropólogo, el inglés Gregory Bateson y aquí es donde la realidad imita a Hollywood. Y no por el glamour...:

Margaret Mead no era Ava Gardner, pero Bateson se daba un aire a Tom Hiddleston...

... sino por el triángulo amoroso que se formó entre estos tres. De eso precisamente habla "Euforia", de Lily King. Pero cambia los nombres tanto de los tres protagonistas como de las tribus que estudiaron. Supongo que para ahorrarse una polémica, recordemos la que se lió el año pasado a costa de Adelaida García Morales.

Aunque "Euforia" está basada en hechos reales, y Margaret Mead se casó tanto con el antropólogo con nombre de gigoló como con el que se parecía a Tom Hiddleston, eso no es lo que sucede en el libro de King. Pero, si queréis saber algo más, os lo leéis, porque espero haber picado vuestra curiosidad.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de estos libros?, ¿también sufrís cada vez que salís al campo?, ¿no es una tragedia que Ralph Fiennes se quedara calvo?

martes, 4 de abril de 2017

Las verdades de la vida están todas en Wallapop

Sus anuncios aseguran que Wallapop sirve para vender lo que no quieres usar. Mentira. Mentira cochina. Esta aplicación se usa para absolutamente cualquier otra cosa que no sea vender objetos de segunda mano. Por ejemplo, la puedes utilizar para desahogarte públicamente contra esa tía política que aprovecha tu cumpleaños para hacerte sentirte gorda y vieja:

Diez euros. ¿Eso es lo que vale la rabia? ¿Solo?

Wallapop simplifica lo que antes eran los anuncios de segunda mano de los periódicos. Ya no hay que ir a la sede física del periódico a dictar el texto de tu anuncio, tú mismo con tus deditos tecleas en tu teléfono lo que quieres vender. Y listo. La primera víctima de la popularidad de Wallapop no ha sido la página Segunda Mano.es, qué va. La primera víctima ha sido la gramática:


O este vendedor no sabe la diferencia entre somier y somelier, o bien mató a un somelier, cortó el cadáver en pedacitos y los ocultó bajo la cama, dentro de cada uno de los cuatro cajones grandes con ruedas. Si alguien tiene 320 euros, que compre la cama y así lo averiguamos.

Si queréis gastaros menos dinero y no queréis arriesgaros a abrir los cajones y encontraros el cadáver de un somelier muerto, os sugiero que compréis esta cama de matrimonio de sólo 180 euros. Una ganga, ¿verdad? Al dueño le corre prisa deshacerse de ella:


Qué drama profundo y desgarrador se oculta detrás de ese "la eché de casa por motivos personales". Que dan ganas de contestarle y ofrecer 179.99 euros con tal de iniciar conversación y averiguar cuáles son esos "motivos personales": ¿cuernos?, ¿bigamia?, ¿se ha gastado los ahorros familiares en el bingo online porque quién puede resistirse a ese slogan "cuando tú vas, yo bingo"?

Me siento tentada de contestar a ese anuncio, sí... pero no lo haré. Porque Wallapop para lo que realmente sirve (aparte de para conocer cada recoveco del alma humana) es para ligar. Como todas las aplicaciones. Que creo que hasta se liga por Linkedin:

Y ella contestó: Ni soy Bea, ni vendo ningún aspirador, ni quiero conoverte". 

Aunque, bien pensado, ¿no sería precioso y muy de comedia romántica que el hombre con la cama de matrimonio de 180 euros y con el corazón roto se enamorara de una mujer que quisiera comprarle la cama y, ya puestos, repararle el corazón? ¿Los objetos de los que quieres deshacerte no cuentan más de ti mismo que las fotos llenas de filtros de Tinder? Al menos aquí tienes una excusa para iniciar conversación más allá del: "Hola, ¿dónde vives?, ¿quedamos?" de Tinder. Además, Kate Hudson y Reese Whiterspoon han hecho comedias románticas con detonantes aún más simples que éste así que, ¿por qué no?

Wallapop nos puede inspirar una película romántica... y hasta una de terror:

¿El kit de exorcismo también sirve para dar la extremaunción? Qué polivalente.

Pero no creáis que Wallapop sólo muestra las tristezas de la vida, excentricidades varias y faltas de ortografía de las que dañan el alma. No. En Wallapop hay sitio para todas las complejidades del alma humana. Por haber, hay hasta sitio para el espíritu navideño:


No sé a vosotros, pero a mí este anuncio me conmueve más que "Qué bello es vivir". Ya sólo faltaba que hubiera puesto alguna coma, alguna tilde... llega hacerlo, y lloro de la emoción.

Y vosotros, ¿habéis ligado con Wallapop?, ¿habéis encontrado compañeros de viaje a través de Tinder?, ¿habéis vendido muebles viejos en Blablacar?, ¿y Linkedin?, ¿sirve para algo Linkedin?

lunes, 20 de marzo de 2017

Malos de película VI: el comisario Villarejo

Hay un hombre en España que lo hace todo y no, no es Bertín Osborne. Y eso que Bertín Osborne es: presentador de televisión, cantante, empresario de la alimentación (de aceite, de jamón, ¡de gazpacho!), latin lover, y ahora hostelero... Si no fuera porque Astrud y Bertín Osborne tienen tanto en común como una esferificación de Adriá y la tapa "crooner" de "el rincón de Bertín", diría que la canción se basa en él.
"El rincón de Bertín" existe. Doy fe. Porque he pasado por delante, pero no he entrado, o qué os creíais.

Pero, en realidad, ese hombre que lo hace todo en España es el comisario José Manuel Villarejo. Nombrad un escándalo político/económico de los últimos años, que ahí estaba Villarejo: el pequeño Nicolás (sile), el ático de Ignacio González (sile), la Marbella de Jesús Gil (sile), Gao Ping (sile), informes sobre Baltasar Garzón (sile), Javier de la Rosa (sile)...

Y sin embargo, Villarejo es un gran desconocido que ni siquiera ha merecido un especial en Equipo de investigación, cuando su figura da mucho más de sí que "la guerra del precio del pan".

 Por no haber, no hay ni imágenes actuales de Villarejo mejores que ésta.

Quien sí ha estudiado a fondo a este personaje es Álvaro de Cózar, el periodista detrás del podcast "V, las cloacas del estado".

¡Cómo!  ¿Que no sabéis qué es un podcast?, ¿es que vuestro teléfono móvil es un Alcatel?, ¿seguís diciendo "okey mackey"? Aquí, la que sigue manteniendo un blog en el 2017 (sí, soy taaaan 2010) os va a explicar que un podcast es un archivo de audio y/o video de corta duración que puedes descargarte para disfrutarlo en tu móvil o el dispositivo que más rabia te dé. En el caso de "V", se trata de un total de diez capítulos, de unos 20 minutos cada uno, en los que Álvaro de Cózar y su acento madrileño nos cuentan las muchas perrerías de Villarejo. Eso sí, no llega a decir quién es el misterioso "V" del que habla el podcasta, aunque una simple búsqueda en google sirve para despejar las dudas. Os contaré una de las perrerías del comisario, la más desconocida, y la más sencilla de explicar.

Años 80, tras pasar una época como policía nacional, Villarejo pide una excedencia y funda una agencia de detectives. Uno de sus clientes es la iglesia de la Cienciología, que empezaba a implantarse en Europa y de la que se sabía muy poco.


"Going clear: scientology and the prison of belief" está en Netflix. ¡Cómo1, ¿que no tenéis Netflix?, ¿y qué hacéis en vuestro tiempo libre?

La Cienciología contrata a V. para hundir la clínica de desintoxicación de drogodependientes del dibujante Pedro Lerma, conocido como "Petrus". Petrus había sido un adicto y había logrado desengancharse en París, en una clínica Narconon, relacionada con la iglesia de la Cienciología. De vuelta a España, abrió una centro con los métodos de Narconon, pero sin el ideario religioso/místico/surrealista de la Cienciología. Eso no gustó un pelo a los jefes cienciólogos, que veían que implantarse en un país a través de centros de desintoxicación (y más en la España de los 80, plagadita de heroinómanos) era una oportunidad de oro. Así que encargaron a Villarejo que hiciera lo necesario para hundir al dibujante. Y lo hizo.

En 1984, un toxicómano paciente de la clínica de Petrus acusa a éste de robo en una sede de la Cienciología. Era una acusación en falso, fabricada por Villarejo, que además usó su influencia en antiguos compañeros de la policía. Así quedó demostrado en el juicio de 1990. Seis años más tarde, porque la justicia es ciega y también un poco lenta, con el consiguiente daño a la reputación de Petrus. En cuanto a la reputación de Villarejo... no pasó nada. Volvió a la carrera policial unos años más tarde y, como policía, se convirtió en el perejil de todas las salsas. Redactando informes falsos, haciendo grabaciones... y lo que surgiera, pero esta vez por encargo de quien estuviera en el poder. A ese mejunge de manejos turbios que nunca acaban de salir a la luz es lo que se conoce como "cloacas del estado" y nadie las conoce mejor que V.

Y vosotros, ¿conocíais la historia de V.?, ¿habíais escuchado antes un podcast?, ¿habéis probado alguno de los miles de productos de Bertín Osborne?

lunes, 27 de febrero de 2017

¿Pero al final quién ha ganado el Óscar?

¿Lion?, ¿Vaiana?, ¿Tarde para la ira?

Imagino a esa gente que ha aguantado la gala enterita, que está cabeceando de sueño (como yo en la sala de cine cuando vi "Moonlight"), que hace un esfuerzo por mantener los ojos abiertos cuando ve a esas dos momias estrellas, Warren Beatty y Faye Dunaway decir que el Óscar es para... "La la land". Ay, no, espera, que no, que nos han dado mal el sobre, que es para "Moonlight".

Cómo son estos americanos, cómo saben hacer espectáculo de todo, ¿eh?

Pero ya sabéis que aquí no vamos a hablar de las películas, más que nada porque yo siempre voy con retraso. Figuraos que la semana pasada ví "El renacido" (también me dio sueño)... así que calculo que para el 2025 habré visto las películas de este año. Hablemos mejor de trapos.


¿Sabéis ese espantoso anuncio de perfumes en el que Cate Blanchett dice sí a la vida, sí al amor, sí a la belleza...? Pues Janelle Monáe también dijo sí. Sí a las transparencias, sí a la plata, sí a un anillo en cada dedo, sí al miriñaque, sí a la diadema, ¡sí a todo! Al lado de Janelle, Hailee Steinfeld parece sencillita con ese vestido tan grande que no cabe ni en la foto.

Después de ver el vestido-con-abosolutamente-todo pensaréis que en la sencillez está la respuesta. Pues tampoco.

Me aburroooooo.

Kirsten Dunst y Alicia Vikander aburridísimas de negro. Julianne ha tenido días mejores, pero su vestido, dentro del soserío, es precioso, y ella es lo más, siempre.

El color de esta alfombra roja fue ése, el rojo:

Las fotos no hacen justicia estos tres modelazos, el rojo de los vestidos se empasta con el de la alfombra, pero Ruth Negga y Viola Davis estaban guapérrimas. Ginnifer Goodwin también llevaba un vestidazo, pero ese corte de pelo a lo Jo en "Mujercitas" rapándose para vender su melena, pues mira, no. Además, ¿qué clase de nombre es Ginnifer?, ¿es Jennifer?, ¿como Giménez y Jiménez?, ¿o más bien como Letizia decidiendo que su nombre se escribirá con zeta y no con ce?

Pero volvamos a lo nuestro. Los vestidos. El rojo fuertecito triunfó, y los flecos y el rollo años veinte también:



Mamá cómprame unas botas, que éstas están rotas de tanto bailar. Charlestón, charlestón, cómo alegra mi corazón...

Emma Stone es tan mona, tan adorable, tan guapa y tan perfecta que debería dar rabia, pero es tan dulce que ni siquiera dan ganas de tenerle manía. La muchacha de al lado es Olivia Culpo, ex miss Universo y también aficionada a los flecos.

¿Quién le ha dicho a Scarlett Johansson que cortarse el pelo a lo Zach, el de "salvados por la campana" es buena idea?:

Ese pelo es mal, Scarlett. Y lo tuyo, Dakota... buf, no sé ni por dónde empezar.

Dakota Jonhson hizo un homenaje a su madre y le cogió un vestido de cuando Melanie Griffith triunfaba, allá por los 80Hombreras, un lazo ahí en medio, un collar también en medio y esa cara de entusiasmo y alegría que Dakota Johnson lleva allá donde va.

Está claro que no es fácil vestirse para la alfombra roja, me imagino a una actriz rodeada de un equipo de estilistas, maquilladores, asesores... todos opinanado y la actriz al final diciendo: mira, que paso, que voy a ir a los Oscar en pijama y con mis zapatillas de estar por casa. Sería maravilloso. Pero de momento nos conformamos con Terrence Howard en bata de lord inglés, de esos que se toman un brandy en la biblioteca de su mansión. 

Quizá por eso Meryl Streep optó por vestirse como su personaje en su próxima película, un biopic sobre María Teresa Campos:

¿Bardem no lleva siempre el mismo traje en todos los eventos: los Óscar, los Goya, el bautizo de sus sobrinos?

Hace un tiempo, hablando con mi amiga F. de "Westworld" ella me confesó que le gustaba Ed Harris, y no que le gustaba en plan "qué gran actor" o "qué elegante", no, no... que le ponía. Quizá ha llegado el momento de instaurar una nueva categoría de YILF (yayos i would love to fuck) y en esa improbable categoría, yo añado a Jeff Bridges. No sé cuántos años tendrá (de hecho, prefiero no saberlo) pero quien tuvo retuvo, vaya que si retuvo. Será eso de dormir ocho horas, beber mucha agua, yo no hago nada, es la genética... Aunque la genética a veces es cabrona, caprichosa:

Ejercicio de agudeza visual, ¿quiénes son las personas que acompañan a Chris Evans y Viggo Mortensen?, ¿sus agentes de prensa?, ¿compañeros de equipo en sus últimas películas?, ¿presidentes de sus clubs de fans?:

 No. No. Y no. Ella es la hermana de Evans y él es el hijo de Mortensen.

Y vosotros, lectores de mis entretelas, ¿se os ocurre algún otro ejemplo de crueldad genética?, ¿tenéis algún/alguna YILF en mente?, ¿por qué Isabelle Huppert tiene esa gesto de desprecio profundo por toda la humanidad?, ¿vosotros también os dormisteis con "Moonlight" y "el renacido" o soy yo que me ha picado la mosca tsé-tsé y no me he enterado?

lunes, 20 de febrero de 2017

"Descatalogado", esa palabra maldita

Hay palabras que provocan alegría inmediata, como "croquetas" o "gratis". Otras, sin embargo, sólo traen tristeza y desesperanza como "descatalogado". Un ejemplo: te has leído en la biblioteca un libro editado hace tiempo, lo ha hecho con la intención de documentarte porque llevas dos años de tu vida trabajando en series históricas y resulta que el libro en cuestión te parece lo más. Así que lo buscas en ese lugar que lo tiene todo en cuanto a libros de segunda mano: Iberlibro. Y entonces va Iberlibro y te da la aciaga noticia, suelta esa palabra triste como pocas: descatalogado.

Eso me pasó hace más de un año con "El siglo de los cirujanos" de Jürgen Thorwald, imposible de encontrar, a no ser que quisieras pagar mil euros a un avispado vendedor a través de ebay. Entonces, oh albricias, me entero de que reeditan el libro:

 Gracias, editorial Ariel.

"El siglo de los cirujanos", obviamente, es un libro sobre cirugía. Pero si sólo fuera un libro sobre medicina no tendría el éxito que ha tenido desde que se editó por primera vez, en el año 1956. En realidad es una historia del progreso, llena de esforzados científicos que tuvieron que luchar contra las ideas preconcebidas de su época, ideas que ahora nos parecen auténticas bobadas, como ésa que aseguraba que no hacía ninguna falta lavarse las manos antes de acometer una cirugía. El libro de Thorwald habla de cómo se descubrieron las bases de la medicina moderna; el uso de la anestesia, la importancia de la higiene, la práctica de cesáreas...

"El siglo de los cirujanos" comienza narrando cómo se practicó la extracción de un tumor quístico tan grande que el doctor McDowell, al verlo, pensó por un momento que su paciente estaba embarazada de 11 meses. La mujer, Jane Crawford, estaba dispuesta a llegar hasta el final: "córtelo usted... yo aguanto mucho el dolor", le dijo al médico rural, que procedió a intentar extraerle el tumor mientras en el exterior, el sheriff y la mitad del pueblo perdido en medio de Kentucky querían tirar la puerta abajo e impedir una operación que, de tan arriesgada, sólo podía llevar a la muerte. Esto es empezar fuerte, ¿no?

Pero mi historia favorita de las muchas que cuenta "el siglo de los cirujanos" es la del descubrimiento de la anestesia. A principios del siglo XIX se conocía la existencia del óxido nitroso y se sabía de algunos de sus efectos. Se le conocía como "gas hilarante" o "gas de la alegría" y había espectáculos muy populares donde el público ("sólo se permite inhalar el gas a caballeros de la más alta distinción", decían los anuncios) aspiraba el óxido nitroso y hacía el ridículo ante los demás. 
  No existían los Morancos, pero sí el gas de la risa.
 
Entre los espectadores de la exhibición había un dentista, Horace Wells, que se fijó en algo que pasó desapercibido a todos los demás. Uno de los voluntarios que inhaló el gas de la risa se rompió la pierna en pleno espectáculo. Wells oyó claramente el crujido... pero el hombre en cuestión no parecía sentirlo. Wells entonces tuvo una revelación: el gas no sólo eliminaba la vergüenza de la gente, también el dolor.

A partir de ese momento Wells empezó a investigar, y también a obsesionarse. Experimentó consigo mismo decenas de veces y luego empezó a extraer muelas de sus pacientes... ¡sin dolor!  Wells se convirtió en el dentista más exitoso de su ciudad, pero él creía que su descubrimiento podía revolucionar la medicina y no paró hasta lograr hacer una demostración en el Massachusets General Hospital, rodeado de médicos y estudiantes. Era 1845. El tímido Wells se enfrentó a una audiencia en contra, convencida de que él era un farsante. Hasta entonces se habían intentado muchos métodos para mitigar el dolor en las operaciones quirúrgicas: opio, cáñamo, mandrágora... Nada había funcionado y se había enraizado una idea entre la comunidad médica: el dolor no se podía quitar. Punto.

Horace se dispuso a extraer una muela a un paciente ante su auditorio, en la arena del hospital general:

"The Knick" nos parece gore, pero probablemente se quede corta respecto a la realidad.

El paciente en cuestión era un hombre corpulento, obeso y alcohólico. Wells no lo sabía entonces, pero esas características explicaban lo que pasó después. El dentista dio al paciente la dosis habitual de óxido nitroso, le quitó la muela... y el hombre gritó de dolor. Wells no daba crédito. El público se rió, acusó a Horace de ser un farsante y él se marchó sin entender qué había fallado. Pero había alguien en el público que no se reía: William Morton. Dentista como Wells, tomó nota de lo que éste había hecho, investigará por su cuenta y dos años más tarde ayuda a extraer un pequeño tumor de un paciente cuyas características físicas (bajo y delgado) ayudaron a que fuera un éxito. Morton, espabilado, se negaba a decir qué tipo de gas usaba, quería mantener el misterio, ser el único en usarlo y, por tanto, ser el único en beneficiarse económicamente. Wells, por supuesto, reaccionó y escribió decenas de cartas asegurando que él había sido el primero en usar anestésico, no Morton.

Comienza entonces una odisea para Wells, obsesionado como nunca, cada vez más solo, empeñado en reclamar lo que era suyo, enganchado al éter y al alcohol. Pero Morton es quien se estaba llevando el mérito, y Wells acaba suicidándose. Morton calla que el "misterioso" gas que usa es éter, descubierto hace ya mucho tiempo, aunque, como el óxido nitroso, se desconocía su efecto como anestésico. Pronto otros médicos descubren los usos del éter y la anestesia generaliza. Toda una revolución y un avance de la ciencia, que ríete tú del smart phone...

En cuanto a Morton, el tiempo lo puso en su sitio, acabó sus días arruinado tras endeudarse en pleitos legales sobre la autoría de su supuesta fórmula para la anestesia. El tiempo, sin embargo, llegó tarde para Wells.

Y vosotros, ¿también habéis sufrido por culpa de esa maldita palabra, "descatalogado"?